Las presas de la República Dominicana son mucho más que depósitos de agua; son el seguro de vida de nuestro sistema eléctrico. El reciente apagón nacional de noviembre de 2025 puso de relieve la importancia de infraestructuras como la hidroeléctrica de Palomino, en San Juan, cuya tecnología permitió restaurar la energía cuando el país más lo necesitaba. Con una capacidad instalada total de 624 MWh entre todas sus centrales, la Empresa de Generación Hidroeléctrica Dominicana (Egehid) destaca que estas obras han evitado la emisión de millones de toneladas de CO2 y han ahorrado al Estado fortunas en la compra de combustible fósil.
Sin embargo, el beneficio viene acompañado de grandes compromisos financieros. Proyectos monumentales como Monte Grande han requerido inversiones millonarias mediante préstamos internacionales que el país continúa pagando. El reto actual, según las autoridades, es equilibrar este aporte nacional con la deuda social hacia las comunidades donde se asientan estas obras, garantizando que el desarrollo hidroeléctrico se traduzca también en progreso local y protección contra las crecidas de los ríos que, año tras año, amenazan las zonas productivas.
Fuente: Diario Libre



