El calendario marca el inicio de 2026 y, con él, la urgencia de abordar problemas estructurales que no pueden esperar más. Aunque el turismo sigue rompiendo récords con la meta de 12.5 millones de visitantes, la economía interna enfrenta un «cuello de botella» financiero: por cada cuatro pesos que recauda el Estado, uno debe destinarse exclusivamente al pago de intereses de la deuda. Este panorama obliga al Gobierno a ser más eficiente que nunca, priorizando una inversión pública que saque a las ciudades del caos del tráfico y mejore los servicios básicos.
El reto social es igual de ambicioso. En educación, ya no basta con construir aulas; el foco debe estar en que los estudiantes realmente aprendan matemáticas y ciencias. En salud, la mirada se posa sobre la alarmante tasa de embarazos en adolescentes, una barrera que perpetúa la pobreza. Finalmente, la seguridad ciudadana demanda una policía profesionalizada que actúe con firmeza pero bajo el estricto cumplimiento de la ley. El 2026 no es solo un año más; es el momento de decidir si las crisis del pasado reciente se convertirán en el impulso para las reformas profundas que la sociedad dominicana exige.
Fuente: Diario Liebre



