La dirigente venezolana María Corina Machado logró lo que ni Tom Cruise en sus mejores tiempos: burlar el cerco de Maduro, desaparecer del mapa, cruzar el Caribe casi en puntillas y aparecer horas después en Oslo, fresca, sonriente y recibiendo el Premio Nobel de la Paz como quien llega tarde pero glamorosa a una boda.
Mientras su hija Ana Corina recogía el galardón en su nombre, María Corina venía navegando estilo operación secreta nivel película, sin filtraciones, sin rastros y sin Waze. Fuentes dicen que el plan fue tan discreto que ni los peces se enteraron.
El Wall Street Journal asegura que todo se manejó con tal hermetismo para evitar que Maduro se enterara… porque si algo le molesta al régimen es que alguien se escape del país sin pedir permiso ni hacer fila.
Después de más de un año en clandestinidad, esquivando detenciones y “visitas incómodas”, María Corina finalmente pudo respirar aire europeo, levantar el brazo, y celebrar un Nobel que, por lo visto, tuvo más acción que la entrega de los Oscars.
En resumen: Maduro puso el cerco…
Ella puso el GPS en modo “no me encuentres”.
Y el Nobel, pues, se entregó igual.



