Lo que nació en 1999 como una promesa de progreso para conectar Santo Domingo con el Sur, es hoy un escenario de «carnicería humana». Testimonios como el de Jesús, quien perdió a su esposa Níquida en 2025 tras ser impactada por un camión, o el de Lorianny, cuyo esposo murió atropellado justo antes de su boda, ilustran el dolor que se vive en puntos críticos como el kilómetro cinco.
A pesar de que la ley de tránsito existe, expertos y comunitarios denuncian un vacío total en el régimen de consecuencias. La combinación de exceso de velocidad, falta de iluminación, ausencia de puentes peatonales y multas irrisorias (como la de RD$1,600 por pasarse un semáforo) crea un ambiente donde los accidentes son «tragedias anunciadas».
Fuente: Diario



