La República Dominicana enfrenta el desafío generacional de transitar hacia la era de la inteligencia artificial (IA) garantizando que los avances tecnológicos se traduzcan en bienestar humano y equidad social.
Históricamente sustentado en pilares como el turismo, las zonas francas y la construcción, el desarrollo nacional debe enfocarse ahora en optimizar la gestión pública mediante el uso de datos, pasando de un Estado reactivo a uno preventivo y cercano. Iniciativas como el programa What Works Cities, en colaboración con Bloomberg Philanthropies, han permitido estructurar portales de datos abiertos e inventarios de información que promueven decisiones basadas en evidencias, agilizan los trámites ciudadanos y sientan bases institucionales medibles de cara al futuro.
A nivel internacional, experiencias en naciones como Estonia, Singapur y plataformas de salud digital en El Salvador demuestran que la tecnología es, fundamentalmente, una herramienta de organización pública. Ante las proyecciones del Foro Económico Mundial, que advierten que casi la mitad de los trabajadores globales necesitarán actualizar sus habilidades debido a la automatización, el verdadero campo de batalla contra la desigualdad estará en la formación técnica.
Espacios comunitarios como el Centro Futuro en Cristo Rey, que ha certificado a más de 2,400 jóvenes desde 2024 en IA, idiomas y competencias técnicas, evidencian que el impacto real de la tecnología se mide en la movilidad social y la dignidad de los sectores vulnerables, recordando que los algoritmos nunca sustituirán la sensibilidad social ni el juicio humano.
Fuente: Diario Libre



