El incremento de suicidios, homicidios por conflictos personales y episodios de violencia extrema han colocado la salud mental en el centro del debate público en la República Dominicana, llevando al Gobierno a declararla una prioridad sanitaria.
Actualmente, las estadísticas nacionales revelan que el 5.7 % de la población sufre de ansiedad y el 4.7 % padece depresión; además, las crisis de ansiedad representan el 42.1 % de las afecciones generales, seguidas por los trastornos depresivos con un 33.3 %, el alcoholismo con un 19.8 %, los intentos de suicidio con un 3.4 % y la drogodependencia con el 1.5 %. Frente a esta realidad, investigaciones científicas locales como la de la Universidad INTEC alertan que aproximadamente el 20 % de los dominicanos presenta algún trastorno mental, lo que se alinea con una creciente demanda en la red pública reflejada en las más de 247,000 consultas psicológicas y psiquiátricas registradas por el Servicio Nacional de Salud (SNS) en los primeros nueve meses de 2025.
A nivel legislativo, tanto el Senado como la Cámara de Diputados estudian múltiples proyectos de reforma para modificar la Ley 12-06 sobre Salud Mental con el fin de robustecer los servicios y expandir la cobertura en todo el territorio nacional.
Paralelamente, el país ha estructurado el Plan Estratégico de Salud Mental 2026-2030, una iniciativa alineada con las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que se fundamenta en seis ejes principales: cobertura sanitaria universal, respeto a los derechos humanos, intervenciones basadas en evidencia científica, enfoque del curso de vida, articulación multisectorial y la participación activa de los pacientes.
Asimismo, el Estado mantiene el suministro de psicofármacos esenciales dentro de la red pública para el tratamiento de trastornos psicóticos, bipolares, de pánico, ansiedad y depresión. Finalmente, los informes señalan que las secuelas emocionales del confinamiento por la pandemia, sumadas a las preocupaciones de índole económica y de seguridad alimentaria, agravaron significativamente el bienestar emocional de los hogares, posicionando en la actualidad a los jóvenes y adolescentes como uno de los grupos más vulnerables ante estas problemáticas.
Fuente: N Digital



